De Miedo a Gratitud

Mi abuela envolvía gasas sobre la herida de mi abuelo. Hace poco le habían amputado la pierna sobre la altura de la rodilla.

“Uf, que asco!”

Lo dije desde el cómodo sillón de terciopelo, mientras mis propios pies sanos colgaban sobre el cojín. Mi abuelo suspiró. Continue reading “De Miedo a Gratitud”

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Como Enfrentarse a “Los Comentarios”

Mi padre es irlandés y tiene un amplio repertorio de sabios refranes. Sonarán así porque lo son o porque escucharlos en su acento irlandés sureño hace que suenen de manera peculiar. Seguramente será una combinación de ambas cosas.

Mi padre dice muchas veces “a la gente le encanta opinar, no?” refiriéndose al cotilleo. “Pues déjales que opinen,” afirma en tono jocoso.

Pues sí, a la gente le encanta opinar, especialmente sobre lo que hacen y como viven los demás. De hecho, es un deporte internacional. Lo que a mí  me resulta un poco triste es que las opiniones radican en una comparación y la comparación, ya sabemos, es el ladrón de la felicidad. Así se podría decir que las opiniones son su forma más innocua. Otra cosa que a la gente le encanta es hacer comentarios desagradables. ¿Y porque no? ¡Se pueden hacer en cualquier lugar, sobre cualquier cosa! Se puede comentar sobre la manera que tiene una madre de criar a sus niños, sobre la dieta que acaba de empezar Javi, sobre el estado o aspecto del piso nuevo de María o incluso sobre el hecho de que tu amigo Bob no esté alcanzado su potencial en la vida—¡qué triste! ¿No ves? No hay nada fuera de juego. Está claro que una enfermedad crónica también es objeto de crítica.

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Nervios en El Centro de Salud

Un hombre calvo con un cordel colgado a su grueso cuello pega una pegatina en mi teta derecha que pone “Dona Sangre!”. Llevo mis auriculares puestos, mis manos están sudadas, y mi música a tope, le muestro el símbolo de “OK!” y entro corriendo al centro de salud. Su boca aún sigue gesticulado pero yo solo escucho guitarras eléctricas.

Tengo 25 años y he vivido con diabetes tipo 1 desde hace 17 años. Hoy estoy acudiendo por primera vez al centro de salud de mi barrio en España, donde vivo y trabajo. Tengo más miedo que siete viejas. Temo que la administrativa nos eche a mí y a mi acento americano. Temo que, si me dejan ver un médico, me dirá que tengo que vender mi alma al diablo a cambio de insulina y tiras reactivas.

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18 años con DM1

Si volamos durante un momento al mes de Agosto de 1998, me encontraréis sentada en el asiento trasero del Chevrolet blanco de mis padres, camino al Children’s Hospital de Filadelfia. Allí fue donde me diagnosticaron diabetes tipo 1 y donde pasé unos cuantos días, con mis dedos inexpertos, pinchando la piel fresca de una naranja con una jeringuilla de insulina a modo de entrenamiento.

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