Nervios en El Centro de Salud

Un hombre calvo con un cordel colgado a su grueso cuello pega una pegatina en mi teta derecha que pone “Dona Sangre!”. Llevo mis auriculares puestos, mis manos están sudadas, y mi música a tope, le muestro el símbolo de “OK!” y entro corriendo al centro de salud. Su boca aún sigue gesticulado pero yo solo escucho guitarras eléctricas.

Tengo 25 años y he vivido con diabetes tipo 1 desde hace 17 años. Hoy estoy acudiendo por primera vez al centro de salud de mi barrio en España, donde vivo y trabajo. Tengo más miedo que siete viejas. Temo que la administrativa nos eche a mí y a mi acento americano. Temo que, si me dejan ver un médico, me dirá que tengo que vender mi alma al diablo a cambio de insulina y tiras reactivas.

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